Te pido que tú pongas el cuello, y yo pongo los besos, los labios, la lengua fría y serpenteante que se desliza suave hasta tu pecho. Mis dientes, que muerden directos tu yugular, que succionan, queriendo así sacar un poco más de ese olor que me vuelve tan loca y que es sólo tuyo.
Un beso de esos de portal, o de esos de nada más entrar en tu cuarto.
Pero nada, parece que no me encuentras y yo ya estoy cansada de buscarte.
Si alguna vez fuiste mío, que no creo, no me di cuenta.
Como siempre: Mientes. Pero yo ya no te creo.
Te quedas entre la entrada y la salida de mi vida. Pero ya no te espero.
Hablas. Pero intento no escucharte.
Me gustaría no volver a llorarte, a verte.
Me gustaría que sintieras el dolor.
Que sintieras el frío acero contra tu sien, y mi mano presionando suavemente el gatillo de mi revólver
cargado de balas de venganza, sin remordimientos.
Las palabras son tu arma más letal pero ahora te las tragas.
¿Te vienes? Sólo vamos a olvidarnos.
A encontrar la excusa perfecta para contarte lo increíblemente fácil que es mi vida sin ti, y lo mucho que
me gustaría que la complicaras.
No sé si es el tiempo, que se dilata, a pesar de que el frío congele las llemas de mis dedos o que llevo demasiado tiempo queriendo que vuelvas, que ya he perdido la cuenta de la cantidad de minutos y suspiros que te ha regalado este corazón en ruinas.
Ni te vas, ni vuelves, te quedas entre medias, en standby, una vez más.
Ni niegas ni asientes nada a esta cabeza loca.
Loca por tu culpa, por supuesto.
También por tu culpa, por no caer, he tenido que levantar la cabeza, y ahora voy por la vida de una cosa que no soy.
Me estoy creando una coraza aún más fuerte que lo que me hacen sentir tus labios, allí por el sur de mi ombligo, y mira si eso es difícil.
Siento como si al estar haciendo esto me estuvieras atando al cuerpo con cadenas de plomo.
Ahora átame a tu cama y no dejes que me escape.
Estoy completamente sola y es el único sitio que tengo a donde aferrarme.
Enredarme en tus besos y que deshagas mi pelo con las yemas de tus dedos.
Gemir tu nombre lo más alto que pueda hasta que muera mi voz.
Esperarte apoyada en el mismo banco de siempre, con mis medias altas y mis pantalones cortos.
Dos desconocidos compartiendo besos y un sin fin de cicatrices.
Que al llegar a mi casa tiemble todo mi cuerpo y te eche más de menos de lo que ya lo hacía.
Y llorar pensando en cuándo volveré a verte y en que no puedo remediar equivocarme constántemente contigo, porque me encanta, pero luego, me deja ese mal sabor de boca.
Arañamos el cielo, y nos quedamos con las ganas de pisar el suelo.
Sé que el adiós lo volverás a decir tú, y esta vez no sé cómo sobreviviré a ello.
Me dirás adiós por lo de siempre, porque nunca vas a poder quererme, o porque
has encontrado a alguien mejor.
Vete, para no volver, o dime adiós a sangre fría.

Dios, precioso *_______*
ResponderEliminarMuchísimas gracias.:3
EliminarAmor puro , en serio.
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