domingo, 24 de febrero de 2013

La de tus cicatrices.

Claro que la conoces, la de las ojeras, la de "soy más fuerte que todos vosotros" pero luego anda rota por las esquinas... por ti. ¿Cómo no vas a conocerla? la primera en hacerte reír por las mañanas, en lucir tus cicatrices. Claro que la recuerdas, y como la dejaste ir por miedo a... ¿a qué? no lo sabes ni tú mismo. 

Te gustaba conocerla así, la que se dejaba las llaves puestas, que no siempre se acordaba de cerrar todas las ventanas en invierno, y que más de una vez te ha dado un portazo. 
Y es que claro que conseguías que la temblaran las piernas, si solo tú sabías de ese vacío, que esas ojeras no eran un simple "es que esta noche no he dormido muy bien", que tío, hasta llegaste a aprender a entenderla, y ni ella misma sabía.
No me digas que ya no la recuerdas, si en estas cuatro paredes siguen retumbando tus "estás aún más preciosa cuando estás en mi cama", todas las veces que la prometiste que tus sábanas no cogerían otro olor, y ella solo sabía bajar la cabeza y sacar esa sonrisa que la dejabas siempre. Claro que te la ganabas, los dos sabíais perfectamente que tú no eras sin su risa retumbando en tu cuarto, y ella no llegaba a ser sin tus gilipolleces a media noche.
¿Tanto miedo te daba necesitarla casi tanto como ella a ti? mira, si ahora la has dejado hecha trizas, por eso de tu ausencia, por eso de que tus sábanas ya no huelan a ella. 







(Porque tus cosas siguen igual pero con un poco más de polvo)

lunes, 11 de febrero de 2013

Caída libre. 50 metros, de boca.

Vuelvo. Y a escribirte, por supuesto. Soy bastante predecible. Me pierden las ganas por otro lado.

Te pido que tú pongas el cuello, y yo pongo los besos, los labios, la lengua fría y serpenteante que se desliza suave hasta tu pecho. Mis dientes, que muerden directos tu yugular, que succionan, queriendo así sacar un poco más de ese olor que me vuelve tan loca y que es sólo tuyo.
Un beso de esos de portal, o de esos de nada más entrar en tu cuarto.
Pero nada, parece que no me encuentras y yo ya estoy cansada de buscarte.
Si alguna vez fuiste mío, que no creo, no me di cuenta.
Como siempre: Mientes. Pero yo ya no te creo.

Te quedas entre la entrada y la salida de mi vida. Pero ya no te espero.
Hablas. Pero intento no escucharte.
Me gustaría no volver a llorarte, a verte.
Me gustaría que sintieras el dolor.
Que sintieras el frío acero contra tu sien, y mi mano presionando suavemente el gatillo de mi revólver
cargado de balas de venganza, sin remordimientos.
Las palabras son tu arma más letal pero ahora te las tragas.

¿Te vienes? Sólo vamos a olvidarnos.
A encontrar la excusa perfecta para contarte lo increíblemente fácil que es mi vida sin ti, y lo mucho que
me gustaría que la complicaras.

No sé si es el tiempo, que se dilata, a pesar de que el frío congele las llemas de mis dedos o que llevo demasiado tiempo queriendo que vuelvas, que ya he perdido la cuenta de la cantidad de minutos y suspiros que te ha regalado este corazón en ruinas.
Ni te vas, ni vuelves, te quedas entre medias, en standby, una vez más.
Ni niegas ni asientes nada a esta cabeza loca.
Loca por tu culpa, por supuesto.
También por tu culpa, por no caer, he tenido que levantar la cabeza, y ahora voy por la vida de una cosa que no soy.

Me estoy creando una coraza aún más fuerte que lo que me hacen sentir tus labiosallí por el sur de mi ombligo, y mira si eso es difícil.
Siento como si al estar haciendo esto me estuvieras atando al cuerpo con cadenas de plomo.

Ahora átame a tu cama y no dejes que me escape.
Estoy completamente sola y es el único sitio que tengo a donde aferrarme.
Enredarme en tus besos y que deshagas mi pelo con las yemas de tus dedos.
Gemir tu nombre lo más alto que pueda hasta que muera mi voz.
Esperarte apoyada en el mismo banco de siempre, con mis medias altas y mis pantalones cortos.

Dos desconocidos compartiendo besos y un sin fin de cicatrices.
Que al llegar a mi casa tiemble todo mi cuerpo y te eche más de menos de lo que ya lo hacía.
Y llorar pensando en cuándo volveré a verte y en que no puedo remediar equivocarme constántemente contigo, porque me encanta, pero luego, me deja ese mal sabor de boca.
Arañamos el cielo, y nos quedamos con las ganas de pisar el suelo.
Sé que el adiós lo volverás a decir tú, y esta vez no sé cómo sobreviviré a ello.
Me dirás adiós por lo de siempre, porque nunca vas a poder quererme, o porque
has encontrado a alguien mejor.

Vete, para no volver, o dime adiós a sangre fría.

sábado, 2 de febrero de 2013

Lágrimas como formato de texto.


Cómo esquivar el frío que se cuela por mi abrigo sin abrochar los botones, porque quiero que lo escuches, que aunque te hayas ido, el corazón sigue latiendo.

Hoy es como si perteneciera a otro lugar, a tu cama.
Como si te perteneciera a ti y no a mí misma.
Y aquí me tienes, enredada entre recuerdos, entre besos, entre versos.
Supongo que tu estarás aquí y allí, perdido entre la gente, en tus barrios,
entre niños que juegan a ser grandes, mientras tú juegas a ser libre.
Hoy le he echo una visita a nuestro lugar, y me ha dicho que quiere saber a éxtasis como solía hacerlo, pero que le faltas tú.
Sí, yo también he caído en la cuenta de que tanto a mí como al vacío de mi pecho nos faltas más de lo que  me gustaría.
También me he dado cuenta de que ya estoy cansada de esperar.

Estoy cansada de haber estado en cada carretera, en cada vía del tren, en cada calle solitaria bañada por la sombra de mis días grises y no encontrarte.
De haber estado cada día, cada hora, cada minuto, esperando inútilmente a alguien que no va a volver.
Estoy agotada de malgastar mis días y mis sueños. De dejar morir sonrisas tímidas, de esas que sólo actúan a partir de las doce, y que tú nunca pudieras venir pasadas las diez y media.
Estoy harta de soñar contigo, sin ti.
Harta de que no hagas más que merodear por mi cabeza y que tú me cierres el paso a la tuya.
Harta de que me des a entender de todas las formas posibles que ya no significo
absolutamente nada para ti y que nunca me has pertenecido.
Sabes que aunque no quieras reconocerlo, mis labios, mis ojos y mi voz te han hecho mío en incontables ocasiones.
Y estoy cansada de que reniegues de lo que fuimos y pases tan rápido de página.
Ya que estás, quema el libro entero, pero guarda las cenizas, que las quiero para mí.
A mí no me sirve de nada acabar un capítulo si sigues estando presente en el siguiente. Si estás en todos, si te has convertido en mi historia, aunque me duela. 

Es hora de que te calles y me beses, y me folles... luego si quieres fallarme eso ya es asunto tuyo.