domingo, 13 de octubre de 2013

Que bonito estás cuando te callo.

Volví a dejar el teléfono encendido,
por si te daba por llamarme, por si te daba por venir,
por si te daba por acabar la fiesta en mi cama. 
(parece una locura, pero solías hacerlo).

Dime quién cojones va llenarme ahora, quién va a presentarse en mi casa a las seis de la mañana.
Ponte en mi piel y dime que me entiendes.
Dime que a ti también te ha pasado eso de quedarte sin palabras al mirarme a los ojos,
que a ti también te ha fallado el equilibrio al estar a centímetros mía,
que a ti también se te ha puesto la piel de gallina cuando  te susurraba,
cuando te mordía el cuello,
cuando íbamos por la calle de la mano.
No sé como soporté lo de volver a verte. No se como soporto volver a hacerlo.
Me estás matando, pero quizás prefiera que me mates a mi que a otra.
Con suerte la próxima resaca me arrastra hasta tu portal y te digo que te quiero de una maldita vez, o te lo recuerdo.
Con suerte la próxima resaca que paso contigo viene por haber estado juntos la noche anterior.
Dos borrachos buscando un banco que les sostenga.
Matándonos a besos mientras la cabeza nos da mil vueltas.
Con unas ganas el uno de la otra que parece mentira que no estemos follándonos en medio del parque...

Como agacha la cabeza, levanta la mirada, y se muerde el labio superior.
Como va acercando la mano a la suya hasta que la coge y la da un beso.
Como empieza a darla besos por la mejilla hasta acabar en la boca.
Como la pone el cuello en la cara para que se lo muerda.

Que bonito estás cuando te callo, capullo, cuando me gimes al oído.
Bah, que digo, siempre estás bonito, con esos ojitos, con esa sonrisa, como para no estarlo.

Vuelve. Esta vez estás tardando demasiado (te echo de menos, más de lo habitual, valla...)