viernes, 7 de diciembre de 2012

El rey de su ruina.

Rompieron la habitación aquel día, no sé como se podía respirar en ese aire tan cargado de sentimientos reprimidos durante tanto tiempo.
Parecían dos críos, entre besos y mordiscos, entre sonrisas. (ninguno de los dos se llegaba a creer del todo lo que estaban haciendo).
Echar el cerrojo, y olvidarse del resto del mundo, eso es lo que hicieron.
Desde fuera podían oírse las carcajadas que se les escapaban de vez en cuando y los susurros (posiblemente serían la causa de sus carcajadas).
¿Estás segura de esto? Jamás podría haber afirmado con más rotundidad aquella pregunta. 
Se hizo silencio, tanto que se le oían los latidos del corazón, el castañeo de sus dientes.
Se oía todo, menos sus piernas temblando cual niña a cinco grados bajo cero (si hubiesen estado de pie hubiese perdido el equilibrio en cosa de segundos). 
Estaba nerviosa, más que nunca. Era obvio. Llevaba soñando con ese momento demasiado tiempo, y por fin le tenía ahí, enfrente. Con sus labios a escasos milímetros de los suyos.
Y es que no sabéis como quedaban sus nikes a los pies de su cama.
Aquella habitación tiene guardados los momentos más bonitos que esa chica ha podido vivir, creérme. 
Simplemente la delataban sus ojos. Brillantes, como nunca. Llenos de ilusión, esperanzas.
¿Pero esperanzas en qué? Ni ella lo sabía. 

Lo único de lo que era consciente: Estaba haciendo ruina de su vida.








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