Ese por el que cuando vas por la calle y hueles, te giras sin pensarlo (puede que algún día sea él, o puede no serlo, lo más seguro quizás), pero te sigues girando (con esperanza).
"Me flipa que me desordenes" tus idas y venidas, tus entradas y salidas, tus maneras.
Nunca fuimos nada estable, nunca fuimos nada concreto. Como una balanza, mucho o poco. Eso sí, no llegamos a alcanzar ese punto de estabilidad.
A ninguno de los dos nos iba eso de dejar las cosas claras, quizás fuese el motivo de esa inestabilidad.
Una cosa estaba clara, eras mi vicio, mi vicio por excelencia.
Mis manías, las tuyas, mis debilidades y las tuyas.
Sabías qué hacer en el momento justo, que decir... Sabías encamelarme como nadie, cariño.
Hagamos magia. Tú y yo, sin llegar al nosotros.
Me has podido sacar la sonrisa más bonita, las lágrimas más tristes.
Me has podido dar mil noches buenas, mil y una malas.
Con ese nudo atando la rabia alrededor de mi garganta. Rabia es lo que queda. Pero...¿solo rabia? En realidad es lo único que quiero que quede, pero nada...
Otra noche más a solas, enredada entre las sábanas, dándole vueltas.
Música como fondo de mis pensamientos, mi ruido. Los cascos que enfundan mis penas deben de estar cansados de tales sesiones de bombos y cajas que no hacen más que retumbar en mi desorden.
Me vuelvo a hundir, a mi misma, en este mar de dudas y las sábanas vuelven a ser el tsunami que, con su ola de cuatro metros de altura, enreda entre mis rizos todos esos pensamientos que saben a ti.
Me has podido sacar la sonrisa más bonita, las lágrimas más tristes.
Me has podido dar mil noches buenas, mil y una malas.
Con ese nudo atando la rabia alrededor de mi garganta. Rabia es lo que queda. Pero...¿solo rabia? En realidad es lo único que quiero que quede, pero nada...
Otra noche más a solas, enredada entre las sábanas, dándole vueltas.
Música como fondo de mis pensamientos, mi ruido. Los cascos que enfundan mis penas deben de estar cansados de tales sesiones de bombos y cajas que no hacen más que retumbar en mi desorden.
Me vuelvo a hundir, a mi misma, en este mar de dudas y las sábanas vuelven a ser el tsunami que, con su ola de cuatro metros de altura, enreda entre mis rizos todos esos pensamientos que saben a ti.
Quédate o márchate, pero haz algo ya. Decídete.
Mis ojeras no las merecen ni tú ni nadie.
"No vuelvas, que ya estoy bien", o eso parece.

No hay comentarios:
Publicar un comentario