Podré con ello, lo sé.
7:15. Suena el despertador arrancando todos los
sueños que abrazan mis legañas. Un día más, un día menos.
Me incorporo
como una trapecista entre las sábanas y observo mi rostro en el espejo.
Mis
ojos insisten que mire el tamaño de las ojeras que, con tu nombre tatuado en
ellas, susurran que debo descansar más.
Menos pensar en ti, más
dormir.
Menos sufrir, más vivir...
El pelo alborotado
juega por mi cara y, esperando no ser descubierto, se esconde tras mis
hombros.
Suspiro.
La lluvia es la música de fondo. Los recuerdos crean
dentro de mi una habitación para dos.
¿Vienes?
Te regalo el pase
VIP para ser la sonrisa de mi rutina.
Tú solo tienes que aceptarlo.
Me
visto y desayuno sin ganas, perseguida una y otra vez por las mismas
palabras:
"Las heridas solo se curan si dejas de
tocarlas"
Alejandra, para. ¿No ves que te estás haciendo daño? -Inquiere
la tristeza.
Y no, no puedo dejar de tocar esa cicatriz.
Es mi herida, la
piedra con la que quiero seguir cayendo, me niego.
Todas mis ideas
patalean con una rabieta poco frecuente en mi.
Con un gesto de desaprobación,
cojo la mochila y me dispongo a empezar otro día.
Un día más, un día
menos.
Nuevas emociones, palabras, gestos, miradas.
Yo con las mismas
ganas de hacer algo grande...pero, ¿el qué?
Y siempre ese miedo a no llegar a
nada.
¿Por qué todo tiene que ser así?
Yo necesito cambiar mi vida. Encontrar algo que me llene, autorealizarme, cumplir mi sueño.
Entonces, lo decido: levanto la mano de la herida que me está comiendo, que noche tras noche me destroza un poco más por dentro.
Aún se ve un poco de pasado y los recuerdos gotean por mi piel. Pero podré con ello, lo sé.
Suspiro. Veo como mi nuevo tren se acerca.
Es el momento de cambiar mi caos.
Ahí está mi vagón, mi lugar, mi nueva oportunidad de acariciar mis metas.
Piso fuerte y sonrío al entrar.
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